Cualquiera que se meta al mundo letrado de la salsa, tarde o temprano se encontrará con algunos cubanos radicales (o cubanófilos a su manera) que enarbolan la idea de que la música salsa no existe y de que es sólo un término comercial para vender más un producto que es simplemente cubano 100%. Los puertorriqueños, aunque en muy menor medida, pues es un pueblo que ha crecido con el oxígeno de la libertad mental que ofrece el libre traslado por el mundo, afirman que a más de ser cubana, la salsa se nutre de ritmos boricuas y de que es Puerto Rico quien lleva adelante su nombre. Al mismo tiempo, los boricuas del Bronx-NY hacen valer su presencia y dejan en claro la idea de que es gracias a esa reformulación de lo Caribe-Hispanoamericano que ellos hicieron la salsa, tal como hoy la conocemos en el mundo.
Optar por cualquiera de estas posiciones es una cuestión de libertad personal y de responsabilidad intelectual, o efervescencia emocional, según. O a lo mejor una tontería o una péerdida de tiempo. Lo que a nosotros, los salseros del Cabo Rojeño de Guayquil, nos interesa es escuchar buena música. Si se llama guaguancó o salsa, que se llame; si el bailador decide que es un cha-cha-chá o una variación de plena, pues que lo haga; bailar será siempre lo más importante. Para aquellos que encuentren en las canciones un motivo de reflexión o dolor o celebración, ese sentimiento será lo único importante (el corazón, por suerte, no conoce de razones). Así, es inútil discutir si fue primero el huevo o la gallina, porque, como el dijo El Apóstol de Cuba José Martí: "Cuba y Puerto Rico son/ de un pájaro las dos alas/ reciben besos y balas/ en un mismo corazón".
Por supuesto, hay documentos muy válidos de gente seria en el tema: Charlie Palmieri o Rubén Blades, por ejemplo: el primero define la salsa como una combinación de ritmos afro-cubanos y puertorriqueños interpretados con armonía moderna, esa unión es como la salsa de la comida, dice el tecladista. Blades habla, desde los 70s, de la salsa como un folklor urbano que ya es patrimonio del mundo. Por eso nos explicamos que en lugares como Rusia o China se conozca la salsa, o que grandes bailarines salgan del norte europeo, o que fenómenos comerciales y artísticos hayan salido con el sello de España (Orquesta La Grande de Madrid, aunque la mayoría de sus músicos eran caribes el cantante era el que le daba la identidad final), o de Japón, gracias a la incomparable Orquesta La Luz. Sin contar a las miles de bandas y grupos qe tocan salsa en el mundo entero.
En otras palabras, que esta es una pelea turra porque no hay ganadores y el motivo es tonto. Siempre habrá un antecedente para todo y siempre lo que vendrá será mejor porque pertenece al porvenir, porque mira hacia adelante y no se afana con persistir en el pasado ni en la eternidad, aunque encierren un gusto primitivo (como la lluvia de Borges). Como dijo el llorado Tite Curet (¿o fue Tito Rodríguez?): "El que se fue no hace falta/ hace falta el que vendrá". Y con La Grande y La Luz nos quedamos, para que se vayan al carajo los puristas.
Terminamos con lo mejor que ha dado la salsa boricua: La Sonora Ponceña, en su exquisito y emblemático: Sonora pa'l bailador.
